Adolescentes practicando deporte en equipo

La actividad física es una de las mejores inversiones para la salud de los adolescentes, y sus efectos van mucho más allá de lo físico. Los beneficios del ejercicio en adolescentes incluyen mejor estado de ánimo, más autoestima, mejor descanso y la oportunidad de construir amistades y sentido de pertenencia, algo fundamental en esta etapa.

En este artículo te contamos qué beneficios tiene el ejercicio para la salud mental de los jóvenes, cuánta actividad se recomienda, por qué los deportes en equipo tienen un valor especial y qué señales indican que la relación con el ejercicio o con el cuerpo necesita atención.

Beneficios del ejercicio en adolescentes

En la salud física

  • Fortalece huesos y músculos en una etapa clave del crecimiento.
  • Mejora la condición cardiovascular y la coordinación.
  • Ayuda a mantener un peso saludable y reduce el riesgo de diabetes e hipertensión en el futuro.
  • Favorece un sueño más profundo y reparador.

En la salud mental y emocional

  • Se asocia con mejor estado de ánimo y menos síntomas de ansiedad y depresión.
  • Ayuda a liberar tensión y a manejar el estrés escolar.
  • Fortalece la autoestima y la sensación de logro al ver avances.
  • Mejora la concentración y puede favorecer el rendimiento académico.
  • Los jóvenes que se mantienen activos suelen reportar mayor satisfacción con su vida.

¿Cuánto ejercicio necesita un adolescente?

La Organización Mundial de la Salud recomienda que niñas, niños y adolescentes de 5 a 17 años realicen en promedio al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada a intensa, sobre todo aeróbica, e incluyan actividades que fortalezcan músculos y huesos al menos tres días por semana. También aconseja reducir el tiempo sentado frente a pantallas.

No es necesario que todo sea deporte formal: caminar a la escuela, andar en bicicleta, bailar o jugar en el parque también cuentan.

¿Por qué los deportes en equipo son tan valiosos?

En la adolescencia, sentirse parte de un grupo es esencial para la identidad y la autoestima. Los deportes en equipo ofrecen beneficios sociales particulares:

  • Fomentan amistades y redes de apoyo fuera del entorno familiar.
  • Enseñan a cooperar, comunicarse, resolver conflictos y tolerar la frustración.
  • Dan estructura al tiempo libre y referentes adultos positivos, como entrenadoras y entrenadores.
  • Fortalecen la conexión con la escuela o la comunidad.

Dicho esto, no todos los jóvenes disfrutan los deportes de conjunto. Natación, escalada, artes marciales, danza o correr también aportan grandes beneficios. Lo más importante es que la actividad le guste, porque eso es lo que hará que la mantenga.

Cómo motivar a tu hijo o hija a moverse

  1. Pregúntale qué le interesa y deja que pruebe distintas opciones antes de comprometerse.
  2. Prioriza la diversión sobre la competencia o los resultados.
  3. Da el ejemplo: las familias activas tienden a tener hijos activos. Planeen actividades juntos.
  4. Pon límites razonables a las pantallas y acuerda horarios en familia.
  5. Evita hablar del ejercicio como castigo o como forma de "bajar de peso". Céntrate en la salud, la energía y el disfrute.

La comunicación es clave en esta etapa. Estas pautas para acercarse y ayudar a hijos adolescentes pueden facilitar la conversación.

Un deporte para todas y todos

Para que el ejercicio sea protector, el ambiente debe ser seguro. Las burlas sobre el cuerpo, la exclusión por no ser "bueno" en el deporte o el acoso por la orientación sexual, la identidad de género o cualquier diferencia pueden alejar a los jóvenes de la actividad física y dañar su autoestima.

Escuelas, clubes y familias pueden marcar la diferencia promoviendo equipos donde se valore el esfuerzo y el respeto por encima del resultado, y actuando con firmeza ante cualquier forma de acoso. Si tu hijo o hija deja de pronto un deporte que le gustaba, pregúntale con calma qué pasó.

Cuando el ejercicio deja de ser saludable

El ejercicio también puede convertirse en un problema. Presta atención si tu hijo o hija:

  • Se ejercita de forma compulsiva, incluso lesionado o enfermo, y se angustia si no puede hacerlo.
  • Usa el ejercicio para "compensar" lo que come.
  • Muestra preocupación excesiva por el peso, la figura o la musculatura.
  • Restringe la comida o cambia su alimentación de forma drástica.
  • Siente presión intensa por competir y ganar, con ansiedad o insomnio.

Estas pueden ser señales de un trastorno alimentario o de un malestar emocional que necesita atención. Conoce más sobre las dietas durante la adolescencia y sus riesgos, y sobre otros problemas frecuentes en la adolescencia.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Busca orientación si notas cambios persistentes en el ánimo de tu hijo o hija, aislamiento, abandono de actividades que antes disfrutaba, problemas de sueño o una relación conflictiva con la comida, el cuerpo o el ejercicio. Un vínculo cercano con la familia es un factor protector; puedes leer más en vínculo y autoestima para criar hijos sanos.

En Clínica Relox contamos con paidopsiquiatras, psicólogos de adolescentes y nutriólogos. Conoce nuestros tratamientos o agenda una cita presencial o en línea.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto ejercicio debe hacer un adolescente al día?

La OMS recomienda en promedio al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada a intensa para personas de 5 a 17 años, con actividades que fortalezcan músculos y huesos al menos tres días por semana.

¿El ejercicio ayuda con la ansiedad en adolescentes?

La actividad física regular se asocia con menos síntomas de ansiedad y depresión y con mejor estado de ánimo. Es un buen complemento, pero si los síntomas son persistentes o intensos se necesita una valoración profesional.

¿Qué hago si mi hijo no quiere hacer deporte?

Explora con él actividades que le interesen, sin presión ni comparaciones. Bailar, andar en bicicleta o caminar con amigos también cuentan. Dar el ejemplo y hacer actividades en familia suele motivar más que insistir.

¿El ejercicio excesivo puede ser un problema?

Sí. Ejercitarse de forma compulsiva, aun con lesiones, o para compensar lo que se come puede ser señal de un trastorno alimentario. En esos casos conviene buscar orientación especializada.

Este artículo es informativo y no sustituye la valoración de un especialista.