Los trastornos alimentarios en adolescentes suelen aparecer durante la pubertad y los años que le siguen. No es casualidad: en esta etapa el cuerpo cambia con rapidez, las emociones se intensifican y las presiones escolares y sociales aumentan. Todo esto puede hacer que algunos chicos y chicas sientan que no tienen control sobre su vida ni sobre su cuerpo.
Por ejemplo, el aumento de grasa corporal es un cambio normal y necesario de la pubertad, sobre todo en las niñas. Sin embargo, algunos adolescentes lo viven con miedo y, de manera equivocada, se sienten obligados a bajar de peso sin importar las consecuencias.
En este artículo te explicamos por qué la pubertad es una etapa de riesgo, qué señales observar y cómo pueden ayudar madres, padres y docentes.
¿Por qué la pubertad es una etapa de riesgo?
Cambios físicos rápidos
Durante la pubertad se gana estatura y peso, cambia la distribución de la grasa corporal y el cuerpo adquiere otra forma. Estos cambios son saludables, pero pueden sentirse ajenos o incómodos, sobre todo si llegan antes o después que en los compañeros.
Cambios emocionales y de identidad
La adolescencia es un periodo de búsqueda de identidad, de mayor sensibilidad a la opinión de los demás y de más autonomía. Las nuevas responsabilidades y libertades pueden generar inseguridad.
Presión social
Las comparaciones con los compañeros, los comentarios sobre el cuerpo, el acoso escolar y la exposición a imágenes idealizadas en redes sociales influyen mucho en cómo un adolescente se percibe a sí mismo.
Las primeras dietas
Muchas dietas comienzan en esta etapa, a veces por imitación o por un comentario de alguien cercano. En jóvenes vulnerables, la restricción puede ser el inicio de un trastorno. Te lo explicamos en dietas durante la adolescencia.
Señales de alerta en adolescentes
- Preocupación constante por el peso, la figura o las calorías.
- Saltarse comidas, comer muy poco o evitar comer con la familia.
- Eliminar grupos completos de alimentos sin indicación médica.
- Ejercicio excesivo o compulsivo.
- Ir al baño inmediatamente después de comer.
- Cambios de peso, o no ganar el peso y la estatura esperados para su edad.
- Retraso o pérdida de la menstruación.
- Irritabilidad, aislamiento, tristeza o bajo rendimiento escolar.
- Uso de ropa holgada para ocultar el cuerpo.
Para conocer más señales de malestar emocional en esta etapa, consulta problemas en la adolescencia.
¿Qué factores aumentan el riesgo?
Además de los cambios propios de la edad, influyen la genética, el perfeccionismo, la ansiedad, la baja autoestima, las burlas sobre el cuerpo y la práctica de actividades que enfatizan el peso, como la danza, la gimnasia o algunos deportes de competencia. Puedes conocer el panorama completo en causas de los trastornos alimentarios.
Cómo pueden ayudar las madres y los padres
- Hablar del cuerpo con respeto, incluido el propio. Evitar comentarios sobre el peso de los hijos o de otras personas.
- Explicar los cambios de la pubertad como algo natural y necesario.
- Comer en familia con regularidad, en un ambiente relajado y sin pantallas.
- No promover dietas en adolescentes; si existe una preocupación de salud, consultar con un profesional.
- Fomentar la autoestima a partir de sus cualidades, intereses y logros, no de su apariencia.
- Conversar sobre redes sociales: cómo se editan las imágenes y qué cuentas les hacen sentir mal.
- Estar disponibles para escuchar sin juzgar.
Encontrarás más ideas en pautas para acercarse y ayudar a hijos adolescentes y en nuestro artículo sobre alimentación y salud mental durante la juventud.
Si tu hijo o hija te confía que se siente mal con su cuerpo, agradece que te lo cuente, escucha sin minimizar (“estás exagerando”) ni dar consejos de dieta, y pregúntale cómo puedes apoyarle. Esa conversación puede ser una puerta de entrada para pedir ayuda a tiempo.
El papel de la escuela
Docentes, entrenadores y orientadores pueden detectar cambios en el comportamiento, el ánimo o la alimentación. Es importante que la escuela evite pesar a los alumnos en público, que no tolere burlas sobre el cuerpo y que se comunique con la familia ante cualquier preocupación.
Cómo se tratan los trastornos alimentarios en adolescentes
El tratamiento es multidisciplinario e involucra activamente a la familia. En adolescentes, la terapia basada en la familia es una de las opciones con más respaldo: los padres reciben guía para apoyar la alimentación y la recuperación de su hijo o hija, y poco a poco se le devuelve la autonomía. También participan el pediatra o médico, el nutriólogo y, cuando es necesario, el paidopsiquiatra.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Si notas varias de estas señales en tu hijo o hija, no esperes a que “se le pase”: una valoración temprana mejora mucho el pronóstico. No hace falta tener certeza para consultar.
En Clínica Relox contamos con paidopsiquiatras, psicólogos y nutriólogos con experiencia en adolescentes y sus familias; conoce nuestros servicios o agenda una cita presencial o en línea.
Si tú o alguien cercano está en riesgo inmediato, llama al 911. También puedes llamar a la Línea de la Vida (800 911 2000), gratuita y disponible las 24 horas.
Preguntas frecuentes
¿A qué edad empiezan los trastornos alimentarios?
Con frecuencia aparecen en la adolescencia, durante o después de la pubertad, aunque pueden iniciar en la infancia o en la edad adulta. Detectarlos pronto mejora el pronóstico.
¿Es normal que mi hija suba de peso en la pubertad?
Sí. El aumento de peso y de grasa corporal es un cambio normal y necesario de la pubertad, relacionado con el crecimiento y el desarrollo hormonal. Conviene explicarlo como algo natural y evitar comentarios sobre su cuerpo.
¿Debo poner a dieta a mi hijo adolescente?
No es recomendable hacerlo por cuenta propia. Las dietas restrictivas en la adolescencia son un factor de riesgo para trastornos alimentarios. Si hay una preocupación de salud, lo indicado es consultar con un pediatra o nutriólogo.
¿Qué especialista atiende trastornos alimentarios en adolescentes?
Lo ideal es un equipo con paidopsiquiatra o psiquiatra, psicólogo con experiencia en adolescentes y familias, nutriólogo y pediatra o médico. La participación de la familia es parte central del tratamiento.
Este artículo es informativo y no sustituye la valoración de un especialista.


